Kira

No sé muy bien por dónde empezar, porque despedirme de ti es una de las cosas más difíciles que me ha tocado vivir. Hace seis años te encontré siendo apenas una pequeña bolita de vida, con apenas dos meses, en la calle y sin saberlo, ese día mi vida cambió para siempre.
Desde ese momento fuimos tú, Rambo y yo. Creciste a mi lado, llenando cada rincón con tu presencia, con tu forma única de mirarme, de buscarme, de acompañarme incluso en silencio. Fuiste más que una gata, fuiste familia, fuiste hogar, fuiste calma en días difíciles y alegría en los momentos simples.

Intenté darte todo el cariño del mundo, todo lo que estaba en mis manos. Y tú me devolviste eso multiplicado, con cada gesto, con cada ronroneo, con cada instante compartido.

Tu partida fue tan rápida tan injusta. En solo cuatro días, la vida me enseñó lo frágil que puede ser todo. Y aun así, en medio de ese dolor, me regalaste un último momento que guardaré para siempre, aquella noche en la que dormiste entre mis brazos. Me mirabas y en tus ojos había algo que nunca olvidaré. Era como si ya supieras, como si te estuvieras despidiendo. Y aunque me rompía por dentro, también sentí todo el amor que existía entre nosotros en ese instante.

Hoy dejas un vacío enorme en mi corazón. Un silencio que pesa. Una ausencia que se siente en cada rincón. Pero también dejas algo muy grande seis años de amor puro, de compañía incondicional, de recuerdos que vivirán conmigo siempre.

Gracias por elegirme aquel día. Gracias por quedarte. Gracias por todo lo que me diste sin pedir nada a cambio.

Te llevo conmigo, Kira. Siempre.

Privacy Preference Center