Hay gatos que dejan huellas, y luego está Olive, que dejó un hogar lleno de vida hace unos días.
Llegaste para convertir cada rincón en una aventura. Eras la primera en inventarte una travesura, en organizar tus juergas nocturnas y en contarnos, con esa forma tan tuya de hablar, todo lo que habías decidido hacer. Nunca pasabas desapercibida. Pero, por encima de todo, eras amor. De ese que se acurruca, que busca mimos, que acompaña sin pedir nada a cambio y que consigue que un día cualquiera sea un poco más bonito. Te has ido demasiado pronto, con solo cuatro años, y el silencio que has dejado pesa mucho. Te echamos de menos en cada rincón de la casa, y también en Milo, que te sigue buscando y ahora no se separa de nosotras.
Gracias por cada ronroneo, cada carrera, cada conversación a tu manera y cada momento compartido. Has sido inmensamente querida y siempre formarás parte de nuestra familia. Descansa, pequeña. Allí donde estés, espero que sigas corriendo, jugando y contándole tus historias a Vani, Luna y a todo el mundo.
Te queremos y te echaremos de menos siempre, Olive. 




