Taz

Taz

Dicen que yo te adopté, pero fuiste tú quien me adoptó a mí.

Llegaste con miedo, pero también con algo imposible de domesticar: tu esencia. No viniste a obedecer, viniste a enseñarme.

Contigo entendí que amar a un animal no es doblegarlo, es escucharlo, respetarlo y aprender su lenguaje.

Me enseñaste a tener paciencia, a observar, a comprender que detrás de cada gesto hay un mundo.

Fuiste instinto, libertad y carácter en estado puro.

Y yo aprendí a acompañarte, no a cambiarte. Gracias a ti, hoy miro el reino animal de otra manera.

Con más respeto, más calma… y más verdad.

Gracias por estos 10 años, por elegirme y por todo lo vivido. Dejas un vacío enorme… y una huella imposible de borrar.

Siempre tendrás tu rincón.

Siempre serás mi Taz.

Privacy Preference Center