Querida Zara, gracias por estos 18 meses maravillosos. Hay que ver con lo pequeñita que eras, la huella tan enorme y profunda que has dejado en nuestras vidas… ¡cuánto te echamos de menos!
Es curioso como puede llegar a doler lo cotidiano cuando, de repente deja de serlo: preparar la pizza los sábados por la tarde ya no será lo mismo sin la catadora oficial de jamón york, ir a trabajar y que ya no estés esperándome panza arriba en el banquito como diciendo “Buenos días, Sergio. Anda, acaríciame la pancita antes de irte”, o esas carreras a toda velocidad por el pasillo detrás de tus pelotitas azules, que siempre terminaban en una siesta sobre el regazo de Ana. Hasta los yogures han dejado de saber igual desde que no estás esperando esa última cucharadita…y así una infinidad de momentos que han quedado grabados en nuestros corazones.
De lo que estamos seguros es que, gracias a tu amor, a tú cariño incondicional, y a cómo llegaste a nuestras vidas, ahora somos un poquito mejores, ¡hemos sido tan afortunados de tenerte con nosotros!
Espero que cuando nos reencontremos vengas a buscarnos, como siempre hacías, sujetando tu pelotita azul para jugar con nosotros, esas que tanto te gustaban. Mientras tanto, pórtate bien, que nos conocemos.
Jamás te olvidaremos, panterita. Eternamente agradecidos: Ana y Sergio.
P.D.: Tus hermanitos, Linux y Nieve también te echan muchísimo de menos, aunque saben que sigues con nosotros.

